El abuelo

Tiene 91 años, hace tres semanas se encuentra en una cama de hospital, no nos han dado muchas esperanzas; sus pulmones no son fuertes y al parecer ahora está afectando su corazón.
La semana pasada fui a despedirme de él (la enfermera nos recomendaba que lo hiciéramos pues se encontraba en terapia intensiva), lo único que pude decirle al abuelo fue "gracias".
Se sigue aferrando, no sabemos cuándo pero se irá... y la única palabra que puedo seguir diciéndole es "gracias".

No al 14 de febrero

Bien lo enuncié en mi Facebook: "Ahórrense sus cursilerías del 14 de febrero".
No quiero dulces, ni chocolates, ni globos, ni mensajes de "vales mil, nunca cambies". A mí no me vengan con esas jaladas.
Se prohibe el 14 de febrero, he dicho.

Sólo quería desayunar...

Llegaste hace tres años, eres el mejor recuerdo que tengo del Sanborns de los Azulejos. Lo que empezó con un "te invito a desayunar para conocerte y platicar", terminó en un idilio que ha durado poco más de 2 años.
La relación más complicada de mi vida, la más fallida, la más intensa. Me enamoré y se acabó la diversión. Jamás hemos festejado aniversarios, ni navidad, ni cumpleaños, es complicado hablar de tí, quisiera borrarte como te borré de mi facebook.
Apareciste cuando menos te esperaba, gracias por llegar a mi vida aunque no quedes en ella.
Por todo lo que no fue, hoy te digo te quiero.

El amor lo estropea todo...


Esa es la idea que ha dado vuelta en mi cabeza en los últimos días: El amor estropea la diversión.


Esa es la "teoría" que sostuve con él. Al ver que nuestra relación no iba hacia ningún lado (y ni siquiera hablo de casarnos, esas son palabras mayores) simplemente me refería a tener una relación estable (quizás esa también sea una palabra peligrosa, en fin). El punto es que nuestra relación se empezaba a tornar en únicamente vernos una vez a la semana para tener sexo memorable, fue entonces cuando solté la teoría:

- ¿Por qué no sólo nos dedicamos a tener sexo? Mira, nos vemos cada que tengamos ganas, a mí me encanta, a tí también; entonces nos dedicamos a tener sexo fenomenal ¿te parece? No involucramos al amor, no pregunto, no preguntas y ¡me haces feliz entre semana!

- ¡No! -contestó él- yo te quiero, y deseo algo formal contigo.


Y ahí fue cuando la diversión terminó, porque para mi mala suerte "me enamoré", yo hubiera sido muy feliz si sólo nos hubieramos dedicado a tener sexo, si él me hubiera dicho que sólo quería tener sexo y practicar el kamasutra conmigo lo hubiera entendido perfectamente. Pero ¿por qué involucrar al maldito amor? ¿Por qué decir "te amo", después de tan excelente ejecución?


Yo me divertía, me divertía mucho... pero el amor vino a estropear mi diversión. Triste mi suerte, maldita mi desgracia.

Ahí vas otra vez...

He escrito mucho de él en este blog, es más me aburro a mí misma con esa misma historia. Volví a caer... ¿Le creo? No, no le creo.

Sin huevos...

Así me dijo: "No tuve los huevos para buscarte", "Ojalá el amor que te tengo me de el valor para buscarte". Mi respuesta: "En efecto, te faltaron huevos..."
Triste pero cierto, y esa fue la historia de nuestra relación, ¿me duele aún? Un poco, no es fácil desprenderse de algo así de intenso y más cuando encuentras lo que soñaste, cuando crees que el especímen es diferente.

Es uno de los muchos "adiós" que nos hemos dado ¿por qué nos aferramos? No lo sé... sólo se que me hubiera encantado que tuvieras más "huevos".

Pero como dice Benedetti:
"...no creas nunca este falso abandono,
estaré donde menos te lo esperes..."

Muy agradecida, muy agradecida...


Agradezco tener mi capacidad auditiva al cien por ciento, para poder escuchar la música que se me antoja, agradezco ser versátil y tener más de 2 mil canciones que no se repiten; también agradezco que dentro de mis gustos musicales no se encuentren el reggeaton o el duranguense.


Agradezco mis ojos brujos y "wayuseyescos" que me permiten observar lo que las palabras callan. Agradezco ser pequeña y así caber en cualquier lado, aunque de repente me atropellen en el metrobús; agradezco no usar tacones porque así puedo correr cuando se me hace tarde.


Le agradezco a mi madre que se aferró a mí cuando aún era un feto sin nombre, le agradezco a mi padre que siempre me haya insistido para terminar una carrera, le agradezco a mis hermanos que me hayan cuidado, que me hayan hecho llorar y reír. Le agradezco a la UNAM mi formación académica.


Agradezco las lágrimas del pasado, agradezco las cicatrices que me recuerdan quién soy y los caminos andados. Agradezco a los que se fueron, porque algo aprendí de ellos; agradezco las traiciones que me hicieron ver quién de verdad es mi amigo, agradezco los viajes, las fotos, las sonrisas, las desveladas; las borracheras, las mentadas de madre, las fotos rotas; los desamores, la filosofía, las películas; las fiestas, los tacos, las pláticas.


Agradezco el café, las hamburguesas, los libros, los poemas y como bien dice Fito Paéz:


"Me gusta estar al lado del camino,

fumando el humo mientras todo pasa,

me gusta abrir los ojos y estar vivo,

tener que vérmelas con la resaca..."


No sé que más tenga que agradecer, lo demás creo que me lo he ganado.